01 julio 2005

Reforma sin Compromisos: Despertando al dragón.

Como explicábamos el otro día, en la política española lo que se lleva es gobernar “por cojones” y no esas mariconadas de dar explicaciones, debatir y llegar a compromisos. Es evidente que a este respecto el estilo de Zapatero supone una mejora sobre el último Aznar, pero no creo que sea suficiente. A falta de cambios drásticos en el sistema la cabra siempre va a tirar al monte. Sería deseable crear un clima en el que los gobernantes se sientan obligados a convencer y dialogar. Para ello sería necesario que políticos, periodistas y opinadores llegaran al acuerdo implícito de que debatir en serio las reformas y las decisiones importantes es lo mejor para todos y que las aparentes ventajas del estilo imperial son en realidad efímeras. Creo que la reforma del matrimonio civil para incluir a las parejas homosexuales puede servirnos de ejemplo para analizar esta cuestión.

Desde un punto de vista progresista esta medida no perjudica a nadie, amplía derechos y no cuesta un duro. Además, en principio, no debería suponer una importante pérdida de votos. La medida sólo molesta de verdad a los sectores más conservadores de la sociedad, que de todas formas no iban a votar progresista. En cuanto a la jerarquía eclesiástica, para una parte de la progresía nacional su enfado es parte de lo que hace atractiva la propuesta. Ahora pueden ir presumiendo por el mundo de modernidad e hinchar orgullosos el pecho por haber impulsado la Libertad y la Igualdad. Lo de la Fraternidad ya no está tan claro. Si encima no hay que subir los impuestos, ¿qué mas se le puede pedir a una reforma progresista? Muchos intelectuales de izquierdas ven la moral conservadora y la doctrina de la Iglesia que la justifica como a elefantes achacosos camino del cementerio de las ideas. En unos años, se dicen, todo el mundo verá esto cómo lo más normal del mundo y si acaso nos preguntaremos porqué no lo hicimos antes. Los que se oponen a esta medida, insisten, son únicamente un puñado de Talibanes, que apenas resisten en las montañas, y que se extinguirán en cuanto les de un poco la luz. Si acaso lograrán embarrar la imagen del PP entre los centristas y hasta puede que acaben provocando la escisión de la derecha.

Si volvemos ahora al terreno de la realidad nos daremos cuanta de que las cosas son bastante diferentes. La oposición al matrimonio homosexual, aunque muy lejos de ser mayoritaria, representa una proporción significativa de la sociedad. Creo que es razonable afirmar que los sectores más conservadores se sentían un tanto alienados por la situación política española, después de haber tenido que aceptar derrota tras derrota. Sólo con el tema del control de contenidos sexuales en la televisión podían atraer suficientes apoyos cómo para lograr modificar las leyes. Ahora tienen una causa común, un objetivo claro y alcanzable, y que además no despierta el mismo rechazo entre los sectores centristas del PP que otros asuntos como la restricción del aborto o el divorcio. La influencia de un grupo de presión en un partido depende de lo que el grupo de presión puconseda hacer por el partido y del precio que el partido tenga que pagar por contentar al grupo de presión. Impedir a las parejas homosexuales adoptar niños y dejar de llamar matrimonios a sus uniones es un precio muy barato, prácticamente gratis. ¿Cuánta gente está dispuesta a movilizarse por este tema? ¿Cuánto rechazo despierta realmente entre los centristas? A cambio los sectores conservadores van a trabajar para el partido como nunca, porque esta vez pueden ver el éxito al alcance de los dedos. No sólo acudirán masivamente a las urnas, aplaudirán a rabiar en los mítines y trabajarán gratis en la campaña, sino que también predicarán a sus vecinos, compañeros de trabajo o de bar. La Iglesia participará también en el esfuerzo. La influencia de los sectores conservadores dentro del PP sin duda va a crecer Le han sabido dar, además, un enfoque positivo al debate, el derecho de los niños a un padre y una madre, que les ayuda a reducir la desconfianza que provocaría un exceso de moralina o religiosidad y les permite así hacerse más visibles tanto dentro del partido como en la sociedad en general. Temas con menos atractivo, como la evaluación de la asignatura de religión, pueden pasar ahora a un segundo plano.

Es difícil imaginar al PSOE en campaña alertando a las masas de que la derecha le va a quitar el derecho de adopción a los homosexuales. Y mejor no pensar en el tratamiento que podría tener la próxima noticia de un caso de abuso a menores por parte de un homosexual. Cuando el PP gane las elecciones, que antes o después ocurrirá, la ley será cambiada (a menos que tarden 20 años). Probablemente mantengan una regulación de uniones homosexuales bastante parecida al matrimonio, pero el derecho de adopción y posiblemente el uso de la palabra matrimonio desaparecerán. Animados por la victoria los sectores conservadores pedirán más.

1 Comentarios:

At 6:14 p. m., Anonymous niko dijo...

Me parece muy interesante tu post, creo que ha faltado esa pedagogía social de la que habló Leire Pajín (o quizá otro dirigente del PSOE, ya no recuerdo) en el tema de adopción. Y es que como bien dices los conservadores han enfocado en gran parte el tema en los derechos del niño pero además mintiendo y como los medios no informan sobre adopción sino que desinforman resulta que la mayoría de la gente no sabe que gays y lesbianas ya adoptamos hace años a título individual. Creo que por lo mal que se ha llevado este tema y por lo poderosos que son nuestros enemigos los principales paganos vamos a ser los gays, a no ser que pongamos freno a la escalada de calumnias que se emiten desde la Cope y el foro talibán, pero entonces nos llamarán inquisidores. Hagamos lo que hagamos vamos a estar mal.

 

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